Crear hoy la escuela de mañana

“Es importante que los niños se sientan involucrados en una actividad que resulte significativa e importante para la sociedad, y por la cual ellos sientan verdadero interés.” 
Seymour Papert (1995)

La escuela de cara a los tiempos modernos nos desafía a comprender que los niños y jóvenes de esta generación son muy diferentes a los de otra época. La relación sujeto-computadora ha gestado nuevas identidades, nuevos relaciones y nuevas formas de aprender. El ser humano ha traspasado la pantalla para convertir las redes de computadoras en grandes redes de personas: conversando, interactuando, compartiendo, construyendo. Juntos.

Los niños y jóvenes del siglo XXI viven insertos en un contexto digital, un contexto hiperconectado. Aún los menos favoridos económicamente cuentan con algún medio o dispositivo para establecer contactos virtuales con otras personas, ya sea por medio de la telefonía celular, por la cercanía de un cyber, porque lo ven en la escuela, o simplemente por contactos con personas con acceso a dispositivos de esta índole.

11902499_10207390641828405_5050327275861087096_nLa tecnología desafía a la escuela a tal punto, que, con una computadora, jóvenes y niños, han sido capaces de autogestionar su propio aprendizaje,  y hasta se han iniciado en la investigación convirtiéndose en productores de sus propios contenidos digitales. Tal es el caso del joven argentino Gino Tubaro, que con tan sólo 18 años,  le facilitó la vida a un niño de 11 años, al crear una mano ortopédica con ayuda de una impresora 3D. O el caso del niño indio, que con 9 años de edad, diseña una aplicación para Iphone con el objetivo de ayudar a los estudiantes a aprender las tablas de multiplicar.

La revolución tecnológica que estamos transitado, ha provocado que la escuela deje de ser el único lugar donde se legitima el saber. Esto es sin dudas significativo, ya que los niños aprenden no sólo de su contexto inmediato, no aprenden sólo de la escuela, sino que aprenden “del mundo“, y lo hacen investigando y estableciendo conexiones, y por lo general, construyen motivados por un fin solidario.

Si los niños y los jóvenes hacen cosas diferentes fuera de la escuela, ¿qué impide que puedan hacerlo dentro? ¿Pondría esto en peligro la labor docente?

No, si el docente es capaz de ver la veta que se está abriendo, para repensar su rol, su práctica, y acercarse más a la forma de conocer que tienen sus estudiantes: “…tenemos que aprender a explotar la conexión, la relación, el vínculo para generar nuevas ideas. Porque la riqueza de ideas surge de la mezcla, no de la separación“. (José Cervera, 2011)

Para seguir reflexionando, comparto este interesante video que nos ofrece Redes Educación, donde Richard Gerver expresa su reflexión acerca de “Crear hoy la escuela de mañana“:

¿Hacia dónde va la escuela?

por Amalia Boccolini

“Si enseñamos a los alumnos de hoy, como enseñábamos ayer, les estamos robando el futuro.”
J. Dewey

Poder despertar en nuestros niños lo que tienen dentro de sí, haciéndolos partícipes de una “experiencia consciente“, una experiencia que mueva al extremo los sentidos, es hacia donde debemos poner la mirada. Algo de esto nos cuenta el Prof. inglés Sir Ken Robinson:

transformar la escuelaEl filósofo francés Michel Serres (2013) dice que, para transformar la escuela, es necesario escuchar el ruido de la demanda, aquello que la sociedad está pidiendo, que está haciendo. Mirar el nuevo movimiento de los cuerpos. Los cuerpos no se alinean, se distribuyen, se desparraman, y frente a una computadora, o dispositivo móvil, los cuerpos no toman postura de pasajero, toman postura de conductor. Vale entonces, hacer explicito en la escuela, el futuro que implican las nuevas tecnologías, y entenderlas como parte de la voz de la demanda y del movimiento de los cuerpos del nuevo ciudadano.

Los ambientes con alta disposición tecnológica le brindan al educador,  la oportunidad de crear una atmósfera creativa, independientemente de qué materia se imparta. Enseñar y aprender, movilizando casi todos los sentidos. Porque hablar de nuevas tecnologías, implica hablar de estímulos multisensoriales. Estímulos, que aprovechados intencionalmente por un educador, puede “motivar, “despertar la imaginación” y la “creatividad” en los estudiantes.

Necesitamos que los profesores se atrevan a desafiar la rutina del trabajo diario, que generen ambientes sensoriales, de comunicación, donde los alumnos se sientan acogidos, estimulados para expresar sus ideas, sus pensamientos, sus emociones, sus sentimientos, y que esto, se asuma como parte del proceso de aprendizaje.

Propiciar una relación con los alumnos en la que se sientan libres para preguntar, aceptar opiniones diferentes,  estimular la participación, y tolerar el error como parte del proceso de aprendizaje. Es esencial desarraigar de la mente y el sentimiento de los estudiantes, el temor al fracaso, ya que esto impide que tomen riesgos para seguir intentándolo o emprender otro proyecto. Uno de los ejemplos más conocidos es la perseverancia de Thomas Alba Edison, que logró perfeccionar la lámpara de incandescencia luego de 9.999 intentos ¡Qué difícil nos la veríamos si no lo hubiera intentado una vez más!

Paulo Freire, nos dice en su libro “Por una pedagogía de la Pregunta”, que a pesar que las viejas ideas insistan en quedarse, los educadores debemos reinventar la educación, y esto exige imaginación, competencia y gusto por el riesgo: “la transición exige que la educación se revolucione, se reinvente, en lugar de sólo transformarse.”

Para reinventarnos, debemos entender las instituciones como instituciones que enseñan, pero también como instituciones que aprenden. Comprender que no tenemos el conocimiento absoluto, nos permite salir de la rutina de que todas las cosas ya fueron dichas y asumir el riesgo, el error, la curiosidad y la pregunta. Por ende nos permite crecer.

¿Nos arriesgamos juntos?